Cotidiano Mujer

En esta edición de Tenemos Que Ver, el Festival elige “ver” a través del cine, de la construcción cultural de una película, el ambivalente mundo de los y las migrantes. Y el de los países receptores que difícilmente entienden, aceptan, desean, integrar una comunidad diferente a las ya formadas.

Emigrar ¿es una necesidad, un mandato, una elección? En todo caso, es un derecho. La posibilidad de decidir dónde vivir es un aspecto fundamental de la libertad humana. Tal vez sea lo último que se puede hacer para defender la vida en muchos casos, en otros la libertad, o la decencia, o la ética.

Sin embargo, los y las migrantes tensionan la lógica estatal que establece las legitimidades nacionales y coloca a los “extranjeros” como un “otro”, aún a sabiendas de las condiciones de necesidad última en que se encuentran y de la legislación internacional que, con ambigüedades, los ampara. Existe un Derecho Migratorio Internacional pero que solo atañe a los compromisos internacionales adquiridos por los países.

Una diferente forma de convivir, o de cocinar, o de reír nos hace “diferentes”, tal vez, pero no nos hace desemejantes. La inmigración no es una invasión, es un enriquecimiento vital, emocional.

Y de eso trata esta 6ta. edición de Tenemos Que Ver preguntándose, preguntándonos, ¿qué son las diferencias? ¿dónde se alojan? cómo deberíamos mirarnos para comprender la riqueza de la multiculturidad, esa que finalmente ha construido el mundo moderno, nos guste o no.

Las migraciones, las inmigraciones, las emigraciones, han sido y siguen siendo, un castigo, otras una decisión, pero siempre una dolorosa escisión de la identidad, de abandonar “eso” que nos hace pertenecer y entrar en otra dimensión a construir. Construir una nueva comunidad de pertenencia, sueños y proyectos de futuro depende de la acogida de comunidades abiertas, amebas diría Boaventura de Sousa, capaces de crear un nosotros plural y diverso.

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