COTIDIANO MUJER


 

Estamos acostumbrándonos a que en el mes de junio, la llegada de un nuevo festival de TQV nos prepare a sentir, disfrutar y también sufrir.

Porque de eso trata el cine, de esas imágenes que nos llevan a navegar por el Mediterráneo en los barcos de refugiados, a seguir a Rosa y el cumpleaños de su hija, a la otra Rosa, a Mariana, a los jóvenes de La Bestia, al plomero ruso de conciencia limpia enfrentado a la burocracia asesina…

Fueron muchas las emociones, las angustias, las solidaridades que nos trajeron esos filmes desde realidades a veces desconocidas. Todas y siempre con una tenaz necesidad de dignidad.

En las seis ediciones anteriores, desde 2012, recorrimos los derechos a la libertad, los de la infancia, de las comunidades, de las mujeres, de los y las migrantes. Cada festival mostrando que cuando se trata de derechos humanos los límites son tan indeterminados como los de las conciencias de cada uno o una. Cada día la inclusión de un nuevo derecho hace más odiosa la exclusión del mismo, es decir, la vergüenza de la ceguera anterior.

El tema central de esta séptima edición es la violencia institucional, tal vez la forma de violencia más difícil, más endemoniada de enfrentar porque quien la ejerce es “el estado”, “la sociedad”, “la gente”. Anónimos. Por añadidura esta violencia emana de una institución que suponemos nos debería proteger, el policía, el médico, el funcionario que más allá de toda lógica, nos dice “siempre se hizo así”, sin la capacidad de vernos.

La violencia institucional más que otras nos produce impotencia, cómo protestar y contra quién. Cómo defendernos de un sistema carcelario que oprime, cómo enfrentar al poder médico que dispone cómo deben parir las mujeres. Son todas formas de negarle a las personas su espacio de identidad.

“El cine no es una imagen después de otra, sino que es una imagen más otra, que forma una tercera, y esta tercera la forma el espectador”, expresó Godard en “El libro de imágenes”. 2010.

Y es a nosotros/as terceros que nos toca crear esa forma que hace que el cine de derechos humanos sea una manera de cambiar el mundo.